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Polémicas sobre el Nutri-Score en España: a menudo incomprensiones, deshonestidad intelectual a veces y siempre beneficios para los grupos de presión…

Pilar Galán (1), Jordi Salas-Salvadó (2,3), Nancy Babio (2,3), Serge Hercberg (1),

1. Sorbonne Paris Cité Epidemiology and Statistics Research Center (CRESS), U1153 Inserm, U1125, Inra, Cnam, Paris 13 University, Nutritional Epidemiology Research Team (EREN), Bobigny, 93000, France, 2. Universitat Rovira i Virgili. Departament de Bioquímica i Biotecnologia. Unitat de Nutrición Humana. Hospital universitari Sant Joan de Reus. Institut d’Investigació Pere Virgili (IISPV), Reus, España Joan de Reus, Institut d’Investigació Pere Virgili (IISPV), Reus, España. 3 Consorcio CIBER, M.P. Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), Madrid, España.

Las polémicas sobre el Nutri-Score que han surgido en España desde hace varias semanas, tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales, implicando algunas veces a científicos, tienen varios orígenes. Si bien a menudo, estas polémicas se relacionan con problemas de comprensión (de lo que se puede esperar o no de un logotipo nutricional como el Nutri-Score y de lo que puede o no aportar), a menudo tienen un componente ideológico (o incluso sectario) y están relacionadas exclusivamente con la defensa de intereses económicos o políticos, independientemente de cualquier preocupación de salud pública.

En algunos casos, incluso son testimonio de una verdadera falta de honestidad intelectual en aquellos que no ven o no quieren ver los elementos de información que van en contra de su opinión, de sus prejuicios, de su ideología o de sus intereses, y, en particular, se niegan a tener en cuenta los múltiples estudios científicos (publicados en revistas internacionales) que han validado el algoritmo de cálculo del Nutri-Score y demostrado la eficacia de su formato gráfico para mejorar la calidad nutricional de la cesta de la compra de los consumidores. Tampoco quieren escuchar las respuestas aportadas, a lo que podrían ser preguntas legítimas si se hacen de manera constructiva, para ayudar a mejorar Nutri-Score (donde sea posible). Sino que lamentablemente se convierten en críticas destructivas destinadas únicamente a desacreditarlo e impedir su implementación, lo que, en cualquier caso, hacen el juego a los grupos de presión, que intentan evitar añadirlo en sus envases para no estar obligados a mostrar una transparencia sobre la calidad  nutricional de sus productos.

Algunos ejemplos que ilustran las críticas infundadas que afirman que Nutri-Score no  es útil, se basan en argumentos discutibles para desacreditarlo, haciendo el juego a los grupos de presión que se posicionan en contra.

Esto es lo que diferencia estas polémicas deletéreas de lo que podría haber sido un verdadero debate científico realmente útil. Los científicos que han trabajado en el Nutri-Score y han llevado a cabo estudios sobre su eficacia en España y en otros países de Europa, han tenido la oportunidad de responder, en múltiples ocasiones, a estas preguntas/críticas.  Incluso han redactado un documento muy completo que ha sido objeto de amplia difusión. En dicho documento se  responde científicamente punto por punto a las críticas, infundadas o no,  emitidas por algunos científicos a título personal o por algunas asociaciones de profesionales de la salud y difundidas en numerosos medios de comunicación (a menudo más interesados en los aspectos polémicos que en un verdadero debate científico). Obviamente, no hay nadie más sordo que el que no quiere escuchar (e informarse), sobre todo si esto permite alimentar un clima que tiene como objetivo impedir el despliegue del Nutri-Score. Es una estrategia mantener  la situación actual sin información o solo con etiquetas incomprensibles posicionadas en la parte posterior de los envases, permitiendo al marketing expresarse totalmente y sin contrapesos nutricionales…  Bloquear el Nutri-Score o tratar de eludirlo conviene a los fabricantes o productores cuyos productos están mal clasificados.

Este artículo aporta elementos científicos en respuesta a las críticas no justificadas emitidas con más frecuencia (la lista no es exhaustiva…):

Nutri-Score no tiene ningún interés porque no tiene en cuenta todos los elementos que intervienen en la salud de los individuos y del planeta…

Este tipo de crítica ya ha sido ampliamente utilizada en varios países para tratar de bloquear el despliegue del Nutri-Score. El argumento falaz utilizado pretende acusar a Nutri-Score de no tener en cuenta todas las dimensiones de los alimentos, especialmente su grado de transformación o su impacto ambiental… y por lo tanto de no poseer ningún interés!

Sin embargo, hemos explicado varias veces que, por muy importantes que sean estas dimensiones, no están integradas en ningún logotipo nutricional del mundo, por su imposibilidad de incluirlas en un único indicador, agregándolas en un solo logotipo sintético. ¿Qué científico y profesionale de salud pública no querría tener un único logotipo que integre, con bases científicas reales, todas estas dimensiones sobre el impacto de los alimentos? Nutri-Score hubiera soñado con poderlo hacer, pero si ni la OMS ni ningún comité de expertos a nivel internacional han desarrollado un logotipo que integre todas estas dimensiones, no es por incompetencia o falta de voluntad, sino porque actualmente es imposible. Por lo que se debe aceptar que esta información no puede ser proporcionada por el Nutri-Score (como ocurre con todos los demás logotipos nutricionales) y que ha de ser objeto de información o comunicación complementaria y separada. Por supuesto, es muy fácil en una radio, en un periódico o a través de un tweet, posicionarse como dador de lecciones y condenar el Nutri-Score acusándolo de no integrar las dimensiones ambientales (el calentamiento global, la huella de carbono, los pesticidas,…), el ultraprocesamiento (los procesos de producción industrial, la presencia de aditivos, de compuestos neoformados,…), los contenidos en azúcares añadidos, en polifenoles… (pese a que estos datos no estén disponibles en las etiquetas de los valores nutricionales obligatorios). Pero en la práctica, los mismos científicos y otros portavoces  que dicen lo que hay que hacer,  no proponen  nunca el modelo milagroso y la receta científica para construirlo y disponer del logotipo que responda a todas sus exigencias… No aportan ninguna solución, pero utilizan argumentos negativos sobre pseudo-deficiencias del Nutri-Score para derrumbarlo en los medios de comunicación, los cuales pueden dejarse seducir por este discurso que oculta la realidad, pero que es emitido por un científico que lleva a veces el título de Catedrático…

El verdadero mensaje que es necesario recordar y difundir cuando se habla del Nutri-Score es que aunque se centra solo en la información nutricional de los consumidores, esto ya representa mucho en términos de salud pública. Numerosos trabajos científicos han demostrado su efecto favorable sobre las elecciones de los consumidores permitiéndoles mejorar la calidad nutricional de la cesta de la compra y sobre su impacto sobre la morbilidad y la mortalidad por lo que está plenamente justificada su aplicación. Nutri-Score (como todos los logotipos nutricionales) no pretende ser un sistema de información global de la dimensión «salud» de los alimentos.  Debe ir acompañado de informaciones específicas para informar a los consumidores del resto de dimensiones, en particular, las relativas a la transformación/formulación o al hecho de provenir de una agricultura ecológica o sus consecuencias medioambientales. Por estas razones, es necesario aceptar los límites de Nutri-Score y no utilizarlos como justificaciones para rechazarlo, ya que estos límites son inherentes a todos los logotipos nutricionales elaborados con bases científicas. Además, este tipo de argumento es típico de la estrategia comúnmente utilizada por los grupos de presión: «¡Si quieres matar a tu perro, acusa a éste de tener la peste!». Los grupos de presión son quienes hacen todo lo posible para focalizar la atención sobre los límites del Nutri-Score (incluso si son legítimos y asumidos y pueden ser abordado por una comunicación adaptada a los consumidores) para tratar de ocultar sus efectos positivos, aunque estén demostrados y respaldados por abundantes trabajos científicos.

Nutri-Score no tiene ningún interés porque no toma en cuenta en su cálculo las vitaminas y minerales…

Este es otro de los argumentos alegados por algunos científicos y que demuestra su falta de información o su falta de esfuerzo y voluntad para leer los elementos científicos disponibles que se han difundido. Como se ha escrito en los documentos de presentación del Nutri-Score, hay que recordar que la puntuación desarrollada para su cálculo ha sido objeto de un proceso científico riguroso que duró varios años integrando numerosos trabajos que permiten justificar los nutrientes o elementos retenidos en el algoritmo. Se ha demostrado que tener en cuenta las frutas y hortalizas en el cálculo de Nutri-Score es un excelente indicador del contenido de vitaminas del alimento, como la vitamina C, el beta-caroteno… Del mismo modo, se ha demostrado con bases científicas que las proteínas son un indicador del aporte de minerales como el calcio y el hierro. Así pues, el algoritmo tiene en cuenta muchos más elementos (especialmente vitaminas y minerales de interés) que la única lista de los que se muestran para su cálculo. Además, también hay que tener en cuenta que los datos sobre la composición detallada de los alimentos en vitaminas y minerales no están disponibles en la declaración nutricional porque no son obligatorios en la normativa europea, lo cual impide su integración en el desarrollo de un logotipo nutricional. Por otra parte, no hay ningún logotipo nutricional en el mundo (Warnings chilenos, Multiple Traffic Light británico, GDA/RIs …) que tome en cuenta las vitaminas y minerales, pero esto siempre lo eluden  sus oponentes. Hay que destacar que sólo el Nutri-Score (y los HSR en Australia), toman en cuenta en su algoritmo de cálculo los puntos positivos correspondientes a elementos que reflejen el aporte de determinadas vitaminas y minerales de interés en términos de salud pública.

Por último, en respuesta a aquellos que consideran que el cálculo del Nutri-Score no es válido porque no integra tal vitamina o tal mineral (u otro elemento), un fuerte argumento que cabe señalar, son los numerosos estudios prospectivos con grandes poblaciones (varias decenas y cientos de miles de sujetos con seguimiento alimentario y de salud durante 10 o 15 años) han constatado una asociación entre la puntuación del Nutri-Score y la aparición de problemas de salud (riesgo de enfermedades crónicas). Validando así plenamente la pertinencia de la elección de nutrientes y elementos que se toman en cuenta en el cálculo de Nutri-Score (incluso sin las vitaminas y los minerales).
Frente a esta crítica, no es aceptable que los científicos se expresen sin haber consultado o, peor aún, negándose a informarse de los datos científicos que muestran la pertinencia y la validez del método de cálculo del Nutri-Score.

Nutri-Score no tiene interés ya que no apoya la dieta mediterránea…

De nuevo, se trata de una polémica inventada sobre la base de falsos argumentos ampliamente difundidos por algunos sectores agrícolas y por algunos productores. Confunden o quieren mantener una confusión sobre el hecho de que si un alimento forma parte del patrimonio culinario español, esto le confiere una buena calidad nutricional y, por tanto, un interés para la salud. Este tipo de  falsos argumentos  son recuperados por partidos políticos para criticar a las autoridades gubernamentales que apoyan la implementación del Nutri-Score en España y para aparecer como defensores heroicos de sus sectores económicos y tradiciones locales haciéndoles creer que están amenazados  por Nutri-Score. Lamentablemente, estas tesis erróneas y demagógicas a veces son transmitidas por algunos científicos.

El argumento utilizado para acusar al Nutri-Score de no apoyar, incluso oponerse a la alimentación mediterránea, se basa en la afirmación (falsa) de que el Nutri-Score clasificaría mal los pilares de este modelo alimentario favorable en la salud. De hecho, los que esgrimen este argumento mezclan voluntariamente en su discurso un verdadero componente de la alimentación mediterránea cuyo consumo debe privilegiarse (el aceite de oliva), para el cual es legítimo preguntarse sobre cómo Nutri-Score lo clasifica (ver más abajo), con alimentos que sin duda forman parte de la gastronomía mediterránea, pero no son en ningún caso pilares de la alimentación mediterránea.

Es el caso de los embutidos tradicionales (jamón, chorizo…), la carne roja, la mayoría de los quesos… para los que las recomendaciones nutricionales de la AESAN recuerdan que su consumo debe ser limitado debido a su densidad calórica y su elevado contenido en grasas saturadas y sal. Por tanto, es totalmente coherente que estos productos estén clasificados cómo D y E por Nutri-Score (teniendo en cuenta su composición nutricional), lo que significa simplemente que pueden consumirse como parte de una dieta equilibrada, pero en pequeñas cantidades o no frecuentemente.

Por todas estas razones, no existe la más mínima discrepancia entre Nutri-Score y las recomendaciones de salud pública que coinciden con los principios de la dieta mediterránea. Por otra parte, los alimentos que son realmente la base de la alimentación mediterránea (frutas y verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos…) están perfectamente bien clasificados por el Nutri-Score. En cuanto al aceite de oliva, se sitúa en la mejor clase existente para las grasas añadidas y los productos muy grasos, dulces y/o salados se encuentran en las peores notas de Nutri-Score (a consumir ocasionalmente y en pequeñas cantidades).

Como respuesta científica a este argumento irrelevante sobre la inadecuación del Nutri-Score con la dieta mediterránea, se puede mencionar el trabajo de epidemiólogos nutricionales españoles de la Universidad de Navarra a cargo de la cohorte SUN. Han constatado, en una población de 20.500 sujetos españoles seguidos durante un período de 10 años, que el consumo de alimentos con una clasificación menos favorable en la escala de Nutri-Score se asoció prospectivamente con una mayor tasa de mortalidad total y mortalidad por cáncer en particular, pero también que el algoritmo de cálculo subyacente Nutri-Score era perfectamente consistente con el modelo de la dieta Mediterránea.

Nutri-Score no tiene ningún interés ya que penaliza el aceite de oliva…

Con la polémica sobre el aceite de oliva estamos confrontados a un problema de incomprensión mayor de cómo se interpreta un logotipo nutricional en general y Nutri-Score en particular. Tal vez no hayamos comunicado con suficiente claridad en España sobre lo que aporta Nutri-Score y  cómo debe utilizarse. Este problema de comprensión sobre la finalidad del logotipo ha podido perturbar de buena fe a algunos actores, profesionales y científicos que desean, sobre la base de los trabajos científicos, promover preferentemente el consumo de aceite de oliva en comparación con otras materias grasas (sin incitar a un consumo ad libitum). Pero, de hecho, esta incomprensión ha sido ampliamente explotada y reforzada por algunos sectores de producción, algunas estructuras políticas en las zonas de producción y algunos científicos cercanos a estos sectores que han contribuido a presentar Nutri-Score de manera errónea, para servir a algunos de sus intereses con el fin que se rechace.

De hecho, esta polémica no tiene razones reales de existir. Es y sigue siendo absurdo dar a entender, como lo han hecho los que se oponen a Nutri-Score, que penaliza el aceite de oliva. El aceite de oliva está clasificado en C en la escala de Nutri-Score, es decir, la mejor clase posible para una materia grasa añadida, en comparación con otros aceites que están clasificados en D o E.

Por lo que este posicionamiento es coherente con el mensaje de salud pública y el modelo de la alimentación mediterránea, que anima a los consumidores a privilegiar el aceite de oliva en sus opciones de compra en lugar de otra materia grasa. Está claro que esta clasificación es en realidad favorable al aceite de oliva, ya que no hay ningún aceite clasificado A o B y la gran mayoría de los aceites están clasificados D o E (sólo los aceites de colza y de nuez están también clasificados como C, ya que disponen de una composición nutricional que justifica este posicionamiento).

El principal problema de comprensión, centro de esta polémica, está relacionado con el hecho de que, a pesar de nuestras declaraciones recordando que Nutri-Score no está hecho para clasificar los alimentos como «saludables» y «no saludables», algunos siguen argumentando que los productos clasificados como A/B corresponden a productos saludables y los D/E a productos no saludables. Y decir que el aceite de oliva en C no sería clasificado como saludable… ¡Es una información falsa!

Se recuerda claramente en todos los documentos relativos a Nutri-Score (y sabiendo que este punto debe ser objeto de una clara comunicación a la población en general) que Nutri-Score no es un logotipo binario destinado a caracterizar la calidad nutricional de los alimentos en valor absoluto como lo haría un sistema en 2 clases (Bueno vs. Malo). Nutri-Score, con sus 5 categorías, está destinado, en realidad, a permitir a los consumidores comparar, sobre una base relativa, la calidad nutricional de los alimentos que son comparables en su uso, ya sea dentro de la misma familia de alimentos o entre diferentes familias de alimentos, pero destinados a un mismo uso (por ejemplo, entre las grasas añadidas; o entre diferentes cereales desayuno, o entre platos cocinados preparados; o entre diferentes postres…). Nutri-Score también permite comparar la calidad nutricional para el mismo producto de una marca a otra. En cambio, no tiene sentido comparar la calidad nutricional de productos cuyo uso no tienen nada que ver, como comparar el aceite de oliva con cereales para el desayuno o refrescos… Estas comparaciones, contrarias al buen uso del  Nutri-Score, son ampliamente utilizadas por algunos opositores cuyo objetivo es promover la confusión…

Esto justifica que estos elementos formen parte de la comunicación institucional que debe acompañar la implementación del  Nutri-Score para evitar el mal uso de éste y mostrar su complementariedad con las recomendaciones nutricionales generales. Es de esta forma, desviando el Nutri-Score de su verdadera vocación y transmitiendo la falsa idea de que el aceite de oliva sería clasificado como no saludable e incluso menos saludable que otros alimentos que no tienen nada que ver en términos de uso, como nació y se alimentó esta falsa polémica. Este error de interpretación ha sido utilizado voluntariamente o no en múltiples ocasiones y recuperado a la vez por todos aquellos que desean que el Nutri-Score sea condenado.

Se ve claramente que lo que podría haber sido un tema de debate científico permitiendo reflexionar sobre cómo eliminar cualquier riesgo de ambigüedades y reflexionar sobre cómo explicar mejor la utilización del Nutri-Score en los medios de comunicación y el posicionamiento del aceite de oliva  valorizándolo positivamente frente al público en general, ha sido explotado con fines destructivos.

En cuanto a la acusación de ” hagamos lo que hagamos, de todos modos los consumidores interpretarán siempre en valor absoluto el Nutri-Score y compararán el aceite de oliva con los cereales de desayuno y los refrescos, lo que los inducirá a errores en sus compras”, no se basa estrictamente en ninguna demostración científica y no es más que una especulación. Como argumento en contra de esta acusación, se pueden recordar los numerosos estudios científicos que han demostrado que Nutri-Score se comprende y utiliza bien y repercute favorablemente en la calidad nutricional de la cesta de la compra en el sentido de un beneficio para la salud. Pero estos trabajos científicos, los detractores de Nutri-Score no quieren verlos y nunca los citan. Pero aún peor es que esta negación de la ciencia se traduce a veces en declaraciones asombrosas, sobre el hecho de que Nutri-Score no reposa sobre fundamentos científicos… pese a que hay más de 45 estudios científicos que demuestran su interés y su eficacia en comparación con la ausencia de logotipo y con otros logotipos existentes.

Nutri-Score no tiene ningún interés ya que no ha habido estudios clínicos que muestren su impacto sobre el riesgo de enfermedades o sus efectos nocivos…

Que un científico utilice este tipo de argumento en los medios de comunicación y afirme que mientras no haya este tipo de estudio clínico, no es posible decir si Nutri-Score es realmente beneficioso y por lo tanto hay que rechazar la adopción de Nutri-Score, es especialmente engañoso y chocante. Este tipo de observación suele formar parte de la batería de argumentos esgrimidos por los grupos de presión para poner en duda los fundamentos científicos de una herramienta de salud pública que les molesta. El principio es pedir siempre más estudios y, sobre todo, estudios imposibles…

Contrariamente a lo que se afirma en los medios de comunicación, un logotipo nutricional no se posiciona en absoluto como en el caso de una vacuna o de un medicamento para los cuales los estudios clínicos son justificados y habituales, y que en ciertos casos pueden realizarse en el campo de la nutrición (algunos alimentos específicos o consejos alimentarios) aunque en este caso requieran años de intervención para esperar un efecto sobre la salud. Pero testar un logotipo nutricional sobre el riesgo de enfermedades crónicas (obesidad, cáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes…) es totalmente inviable.

Cómo comparar una población que tenga la posibilidad de hacer sus compras en lugares donde los alimentos muestran el Nutri-Score  a una población control que compraría en lugares donde los alimentos no añaden Nutri-Score en sus envases, durante 10, 15 o 20 años para esperar un posible efecto sobre el riesgo de estas enfermedades crónicas que tardan décadas en aparecer. La propuesta es totalmente absurda, nadie espera un efecto «masivo» de un solo logotipo nutricional (lejos de los efectos de una vacuna o de un medicamento) que no es más que un elemento de una política nutricional global. Para tener un poder estadístico suficiente y poder demostrar su efecto habría que trabajar sobre poblaciones gigantescas. Se trata, pues, de un argumento poco realista tanto desde el punto de vista metodológico como de la viabilidad y, sobre todo, de una propuesta de estudio epidemiológico totalmente inadecuada con respecto a la cuestión planteada. Además, no se ha realizado ningún estudio de este tipo para ningún logotipo existente en el mundo e incluso muchas de las recomendaciones nutricionales y medidas de salud pública existentes y aplicadas no han sido objeto de estudios clínicos por las mismas razones.

Sin embargo, cuando los estudios de intervención controlados y aleatorios no son posibles, los epidemiólogos saben que hay otros enfoques científicos para ayudar a tomar decisiones de salud pública. La OMS ha publicado la estrategia de los estudios científicos que deben seguirse para seleccionar un logotipo nutricional útil y eficaz y, por supuesto, ¡no figuran en absoluto la necesidad de ensayos clínicos que prueben previamente el impacto de los logotipos en las enfermedades crónicas!

En cambio, aquellos que piden un estudio clínico infalible nunca señalan que Nutri-Score ha seguido las diferentes etapas propuestas por la OMS (es el único logotipo en el mundo que lo ha hecho) incluyendo estudios prospectivos de cohortes (varios de ellos en España y en Europa con grandes poblaciones, algunos con más de 500.000 sujetos seguidos durante 15 años) que ponen de manifiesto que las personas que comen alimentos con una puntuación nutricional correspondiente a aquellos bien clasificados por Nutri-Score tienen un menor riesgo de obesidad y enfermedades crónicas y un menor riesgo de mortalidad por enfermedades crónicas. Y además, tampoco citan los estudios de intervención realizados, que prueban que Nutri-Score, como recomienda la OMS, ha demostrado que su implementación en los envases tiene un efecto favorable sobre la calidad nutricional de la cesta de la compra.
Así que realmente esta demanda de estudio clínico, que parece claramente fantasiosa para los profesionales, tiene como única finalidad sugerir que Nutri-Score no sigue las buenas prácticas científicas lo que puede confundir a la opinión pública (basta con ver la repetición de este argumento en las redes sociales y en los medios de comunicación).

En conclusión, Nutri-Score no es perfecto al 100 %  y puede ser mejorado. El Comité Científico Europeo trabaja actualmente en su proceso de actualización en función del  progreso de los conocimientos científicos.  Es lamentable que las polémicas, en el mejor de los casos incomprensiones y en el peor de los casos de una verdadera deshonestidad intelectual, contaminen la implementación de un instrumento de salud pública basado en fundamentos científicos sólidos y solicitado por los consumidores. Los grandes beneficiarios de estas polémicas son los grupos de presión que quieren impedir su implementación.

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Este texto ha dado lugar a un articulo publicado en The Conversation: “Desmontando las críticas a la aplicación del etiquetado Nutri-Score “
https://theconversation.com/desmontando-las-criticas-a-la-aplicacion-del-etiquetado-nutri-score-157362