Incomprensiones y fake-news sobre Nutri-Score. ¿Cómo tratar de desestabilizar una herramienta de salud pública que molesta?

Serge Hercberg1,2, Pilar Galan1, Manon Egnell1, Chantal Julia1,2

1 Université Paris 13, Equipe de Recherche en Epidémiologie Nutritionnelle (EREN), Centre d’Epidémiologie et Biostatistiques Sorbonne Paris Cité (CRESS), Inserm U1153, Inra U1125, Cnam, COMUE Sorbonne-Paris-Cité, F-93017 Bobigny, France

2 Département de Santé Publique, Hôpital Avicenne (AP-HP), F-93017 Bobigny, France

Desde hace algunos meses circulan en las redes sociales, en diversos medios de comunicación y a veces incluso en el discurso de personalidades políticas de primer rango, cierto número  de comentarios negativas y de informaciones engañosas sobre Nutri-Score, el logotipo de información nutricional destinado a ser colocado en la cara frontal de los envases de alimentos adoptado oficialmente en Francia en 2017, y más recientemente en Bélgica y España. Este fenómeno se ha acentuado especialmente en las últimas semanas, probablemente en relación con el debate que existe actualmente en varios países europeos en torno a la elección de su logotipo nutricional, y de las discusiones que están llevándose a cabo en las instancias de la Comunidad Europea en Bruselas.

En este marco de agitación, se multiplican las maniobras destinadas a desacreditar el Nutri-score para evitar su adopción a pesar que es el logotipo elogiado por múltiples asociaciones de consumidores en Europa. A pesar de basarse en un convincente expediente científico con  más de una treintena de publicaciones internacionales que validan, por una parte, su algoritmo subyacente y su formato gráfico y que demuestran, por otra parte, su eficacia y superioridad con respecto a otros logotipos sobre varias dimensiones del comportamiento de los consumidores, Nutri-score es rechazado con fuerza por algunos grupos de presión (asociación de los industriales agroalimentarios FEVIA en Bélgica, BLL en Alemania, Coldiretti en Italia…).

Aunque algunos industriales y distribuidores en Francia, Bélgica, España, pero también en Alemania, Austria, Portugal, Suiza, Eslovenia,… han optado por aplicar en sus productos el Nutri-Score, todavía persisten fuertes oposiciones de algunas grandes multinacionales agroalimentarias que no desean utilizar Nutri-Score. Estas multinacionales han desarrollado estrategias para intentar torpedearlo, proponiendo, por ejemplo, alternativas de logotipos desarrollados que ellas mismas y que les son más favorables (ENL a nivel europeo, círculos del BLL en Alemania,…). En este sentido, las informaciones engañosas («fake news») que circulan sobre Nutri-score hacen el juego, sin duda, a estas multinacionales que desean desacreditarlo. Son también secundadas por todo tipo de «gurús» o de simples internautas que no expresan una visión de salud pública respaldada por un trabajo científico sino simples opiniones personales que, a través de algunos ejemplos desmesurados, intentan desacreditar el conjunto del sistema.

La información engañosa sobre  Nutri-Score que circula actualmente en las redes sociales y en algunos medios de comunicación no tiene nada que ver con las críticas legítimas que forman parte del debate científico útil (en particular sobre los límites del sistema) tanto en sus objetivos como en su forma. Las fake news se caracterizan por el hecho de que la información que transmiten es engañosa y sólo intentan crear confusión. A menudo se limitan a la yuxtaposición de elementos que pueden ser legítimos para alguno de ellos, pero la teatralización  puede contribuir a una confusión o a esparcir la duda entre aquellas personnes sin capacidad de interpretación o sin suficientemente conocimientos sobre  Nutri-Score, sus objetivos y a su forma de cálculo y utilización.

En la mayoría de los casos, las fake news ponen de relieve, exagerándolo, un solo ejemplo del sistema, sacandolo de su contexto, y utilizándolo para desacreditar el conjunto. Circulan en forma de mensajes o soportes iconográficos y en la mayoría de casos a través de una imagen «comunicativa» presentada pseudocientífica. La misma imagen suele ir acompañada de comentarios despectivos e incluso injuriosos. Las fake-news suelen ser disponibles o retransmitidas por emisores «anónimos» o por particulares que se apoyan en la misma información (a menudo la misma imagen) dando su opinión personal (en algunos casos, y probablemente,  ellos mismos engañados por la información o insuficientemente conocedores para reconocer la fake news). Lo espectacular es que estas desinformaciones salen de las redes sociales y son consideradas como elementos científicos por algunos medios de comunicación (a veces importantes) y por todos aquellos que tienen interés en utilizarlas (grupos de presión, científicos con vínculos de interés con operadores económicos, personalidades políticas e incluso ministros…).

De hecho, el lanzamiento de una falsa información sobre Nutri-Score y el hecho de que sea canalizada por diferentes emisores implican diferentes mecanismos:

  1. el desconocimiento o la denegación de lo que se puede esperar del Nutri-Score (o de cualquier otro logotipo nutricional). Por consiguiente, no integran obviamente, ya sea de forma voluntaria o no, el principio, el objetivo, las restricciones y el ámbito de acción de un logotipo nutricional, ni el conjunto de datos científicos que validan su algoritmo de cálculo o su formato gráfico,
  • la repetición de ejemplos de comparaciones del Nutri-score que se refieren siempre a los mismos alimentos (en número muy limitado), asociandolos y escenificadolos  para dar la impresión de que Nutri-Score clasificaría de forma absurda la calidad nutricional o el valor sanitario de los alimentos y, por lo tanto, induciría a error a los consumidores… Es nteresante observar que los ejemplos utilizados se basan siempre en los mismos alimentos de marca (menos de quince alimentos de marca, sabiendo que en total hay más de 200.000 para los que es posible el calculo del Nutri-Score) buscando a impactar  su reputacion en la población (alimentos tradicionales considerados favorables a la salud, alimentos industriales considerados desfavorables,…) y utilizando una comparación binaria (bien o mal clasificados). Interesante de destacar que los detractores no evocan jamas el hecho de que Nutri-Score no plantee ningún problema para el  99 % de los alimentos y !éstos no son el blanco de sus ataques!

A continuación se presentan diferentes fake-news aparecidas en las redes sociales durante los últimos meses y para las cuales explicamos su falta de seriedad. Por razones de homogéneidad hemos traducido todas las citaciones que circulan en las redes sociales o en la prensa españolas, inglésas, flamencas, italianas o francesas.

  1. Ejemplo de fake-news basado en una verdadera incomprensión de la finalidad de los logotipos nutricionales

«Nutri-Score no tiene ningún interés y es engañoso para el consumidor, la prueba: ¡Algunos alimentos ultratransformados que contienen aditivos o pesticidas están bien clasificados!»

Este tipo de críticas se refieren al hecho de que Nutri-Score no integra los aditivos, el grado de transformación o los pesticidas. Esta elección está plenamente asumida tanto Nutri-Score como para todos los otros logotipos nutricionales existentes (para más detalles consultar el artículo en The Conversation: https://theconversation.com/le-nutriscore-mesure-la-qualite-nutritionnelle-des-aliments-et-cest-deja-beaucoup-99234),  y está ligada a la imposibilidad, basándose en los conocimientos científicos actuales, de desarrollar un indicador sintético que cubriría el conjunto de estas dimensiones. Nutri-Score es un sistema de información nutricional  que ha demostrado su gran utilidad para ayudar a los consumidores a orientar sus elecciones hacia alimentos de mejor calidad nutricional pero  de ninguna manera tiene la pretensión de ser un sistema informativo sobre la dimensión “salud “  global de los alimentos cubriendo, además de la dimensión nutricional,  las dimensiones sanitarias y medioambientales.

Sintetizar el conjunto de dimensiones salud de los alimentos a través de un indicador único y fiable que podria predecir el riesgo para la salud, es el sueño de todo actor de Nutrición de Salud Pública en beneficio de los consumidores. Pero no es por casualidad o  incompetencia, si ningún equipo de investigación o estructura de salud pública en el mundo, o comité de expertos independientes nacionales o internacionales, ni la OMS han podido diseñar tal indicador sintético. Esto puede explicarse por dos tipos de razones:
1)  Los niveles de conocimientos y el grado de certitud  de sus relaciones con la salud difieren según la dimensión de los alimentos que se considere.  La acumulación de numerosos trabajos epidemiológicos, clínicos y experimentales permite considerar que existen para ciertos elementos nutricionales (nutrientes/ alimentos) un nivel de evidencia documentada y sólida sobre sus consecuencias sobre el riesgo de enfermedad crónicas que va de “probable” a “convincente” en las clasificaciones internacionales. Para otras dimensiones y sobre todo las referentes  a los numerosos aditivos, compuestos neo-formados o contaminantes (pesticidas, antibióticos, perturbadores endocrinianos) existen ciertas hipótesis sobre la salud, pero con niveles de prueba muy distintos (particularmente en los estudios realizados en el hombre).

2) Una razón que deriva de la precedente, es la imposibilidad hoy de sospesar la contribución relativa de cada una de las dimensiones de un alimento sobre su riesgo sobre la salud, para poder concluir en una nota sintética que sería idealmente predictible del nivel de riesgo global. Ciertas aplicaciones on line lo proponen, pero no poseen una base científica valida. Las cuestiones metodológicas  son numerosas y todavía no solucionadas: magnitud precisa del riesgo atribuible a cada una de las dimensiones, a cada uno de los componentes potencialmente incriminados, efecto coctel potencial… De hecho, calcular un índice único para caracterizar la calidad sanitaria global de un alimento que podria desembocar a un juicio, en lo absoluto (excelente, bueno, mediocre…) no tiene bases científicas suficientemente sólidas y se haría utilizando un carácter bastante arbitrario.

3) Por último, en lo que respecta a los aditivos y los pesticidas, en caso de que se demuestre un riesgo para la salud, la respuesta que debe aportarse, desde el punto de vista de la salud pública, no es tanto la información del consumidor a través de un logotipo, si no el retiro del elemento en cuestión de la cadena alimentaria según un principio de gestión del riesgo sanitario. Por cierto, este es el caso del controvertido aditivo E171, cuyo retiro ya ha sido anunciado por las autoridades francesas.

Todo esto  no impide, en el marco de una política nutricional de salud pública eficaz, recomendar a la población de elijir alimentos  con el mejor Nutri-Score posible, sin o con la menor lista de aditivos (en la lista de ingredientes) y de privilegiar los alimentos sin transformacion y, si es posible Bio (con un logotipo certificado).

  1. Un ejemplo de fake-news  basado en  falsas contradicciones sobre  la capacidad del Nutri-Score a clasificar los alimentos en función de sus calidades nutricionales

«¡El nutri-Score es falso, la prueba es que las patatas fritas que no son buenas para la salud son mejor clasificadas que las sardinas que contienen muchas cosas buenas; o el aceite de oliva es menos bien clasificado que la Coca-Cola Zero… ! »

No hay que olvidar que la finalidad de un logotipo nutricional, como el Nutri-Score, no es de clasificar los alimentos en « alimentos sanos » o « alimentos no sanos » en valor absoluto, como lo haría un etiquetado binario (bien vs mal). Tal finalidad atribuida a un logotipo nutricional sería totalmente discutible ya que esta característica depende de la cantidad de alimento consumida y de la frecuencia de su consumo, pero igualmente del equilibrio alimentario global de las personas (el equilibrio nutricional no se obtiene gracias al consumo en una toma alimentaria, ni en una comida o en un solo día…). Es evidente que estas nociones complexas no pueden ser resumidas por un logotipo nutricional atribuido a un producto específico de una marca dada…

No, la finalidad del Nutri-Score es aportar a los consumidores una información en valor relativo, que va a permitirles con una ojeada, comparar la calidad nutricional de los alimentos lo cual es importante para orientar sus elecciones en el momento de la compra. Pero esta comparación sólo tiene sentido si es pertinente cuando se trata de comparar  alimentos que el consumidor compra en la vida real (en el momento del acto de compra o de su consumo). De hecho, Nutri-Score no inventa nada y no tiene plenos poderes para aportar al alimento un  valor salud aboluto, Nutri-Score solo sintetiza los elementos sobre la composición nutricional  presentes en la cara posterior de los envases.

Y al contrario,  las fake-news tratarán de desviar el interés del Nutri-Score destacando pseudo-contradicciones a partir de comparaciones que no tienen sentido real

Esta es una de las imágenes que más a menudo circulan por las redes sociales, ampliamente difundidas por los internautas, algunos medios de comunicación, grupos de presión y políticos.

FAKE NEWS

El principio de esta imagen (citada muchas veces) es intentar caricaturizar Nutri-Score sugiriendo que determinadas categorías de productos industriales serían clasificadas como «buenas para la salud» («healthy foods») y mejor clasificadas que los alimentos «tradicionales» que serían considerados «no favorables para la salud» («unhealthy foods»).

Nutri-Score permite comparar la calidad nutricional de los alimentos, pero siempre que estas comparaciones sean pertinentes y útiles para los consumidores a la hora de orientar sus decisiones.

Una vez más, conviene recordar que Nutri-Score permite comparar la calidad nutricional:


1) de alimentos pertenecientes a la misma  categoría,  por ejemplo en el caso de la familia de cereales de desayuno,  comparar los copos de avena  versus cereales con chocolate versus cereales  con chocolate y rellenos, o comparar las galletas secas vs galletas con confituras vs galletas chocolatadas, o las lasañas con carne vs las de salmón vslas de espinacas, o también los distintos platos preparados  a base de pasta, o las distintas pizzas entre ellas, o los distintos tipos de bebidas (agua, zumos de frutas, bebidas a base de frutas, sodas,…). En cada una de las categorías  Nutri-Score puede ir de A a E, lo cual aporta una información útil al consumidor para sus elecciones.

2) de un mismo tipo de alimento propuesto por marcas distintas (por ejemplo: comparar cereales de desayuno chacolatados y rellenos de una cierta marca  con el producto «equivalente» de otra marca o galletas chacolatadas de distintas marcas). En estas situaciones también Nutri-Score puede ir de A a E entre alimentos de la misma apelación pero de marcas distintas. Una vez más, Nutri-Score puede variar de A a E, información útil para ayudar a los consumidores a distinguir los alimentos de mejor calidad nutricional,

3) de alimentos pertenecientes a familias diferentes, pero a condición que  tenga una pertinencia  real respecto  a su ocasión de consumo o uso (y que a menudo están colocados cerca en las  estanterías de los  supermercados): yogures comparados a postres lácteos,  cereales del desayuno comparados a galletas, bollería industrial, o panes industriales, etc.

¿Pero qué sentido tiene comparar,  como lo hacen las  fake news, las patatas fritas al roquefort, los cereales del desayuno a las sardinas en aceite o a la Coca Cola Zero? ¿Los consumidores se plantean realmente la cuestión de esta manera en el momento de la compra o del consumo de alimentos? Es muy poco probable que el consumidor prevea a priori consumir sardinas para su desayuno o condimentar su ensalada con Coca-Cola o refrescarse con aceite de oliva… Lo que el consumidor necesita es poder comparar la calidad nutricional de los alimentos que tienen una pertinencia a ser substituidos en su consumo.  Si desea escoger los componentes de su desayuno, es importante que pueda comparar los alimentos de diferentes categorías pero consumidos en esta ocasión, como por ejemplo pan de molde, bollería industrial, cereales de desayuno o galletas.  Y evidentement acceder de forma transparente a la calidad nutricional  en las grandes categorías de alimentos en función de las marcas, para para poder así comparar diferentes cereales del desayuno entre ellos, o las diferentes bollerías industriales o los panes de molde en función de las marcas…

En este contexto, Nutri-Score funciona perfectamente, como lo demuestran los ejemplos que se presentan a continuación.

Por ejemplo: diferentes alimentos pertenecientes a categorías distintas pero consumidos en el desayuno

En este ejemplo, que sólo incluye algunos de los múltiples alimentos concernidos, cuando se comparan varias categorías de alimentos entre ellas, se comprende con una sola ojeada sobre las opciones para el desayuno que algunos alimentos son más favorables que otros: los panes integrales o ciertos copos de avena  se clasifican mejor que las galletas o bollerías industriales. Además, dependiendo del tipo de pan (integral o no), el tipo de galletas o de cereales del desayuno, existen variaciones importantes de calidad nutricional. Por ejemplo, dentro de la categoría de cereales de desayuno, existe una gran variabilidad en la calidad nutricional, el Nutri-Score puede ir de A a E según el tipo de cereal de desayuno (lo mismo ocurre con cereales de la misma apelación pero de marcas distintas):

Lo mismo se aplica a la variabilidad de la calidad nutricional de las cremas de postre. Sin logotipo nutricional los consumidores tendrían dificultades en evaluarlas, pero con la visualización del Nutri-Score, que puede ir de A a E según los productos, las diferencias son muy evidentes:

Este  tipo de fake-news, al comparar alimentos que no tienen razón de ser comparados entre sí,  intenta dar la impresión de que Nutri-Score no es coherente en términos de clasificación nutricional de los alimentos, omitiendo al  mismo tiempo el interés principal del  Nutri-Score para el consumidor, es decir, comparar alimentos en las condiciones pertinentes. El otro elemento de engaño subyacente en la fake-news es el hecho de jugar con estereotipos en términos de creencia o de percepción de los alimentos.

La imagen de las patatas fritas (a menudo asociada a la de los fast-foods) está percibida en la opinión popular más bien como negativa desde el punto de vista nutricional,  mientras que la de los alimentos «tradicionales» como el roquefort, el jamón Serrano o las sardinas (asi como el salmón ahumado) gozan de una percepción bastante favorable. Sin embargo, basta mirar la etiqueta del alimento para darse cuenta de la realidad de la composición nutricional. Es totalmente normal que el roquefort o el jamón Serrano sean clasificados según su contenido en grasas saturadas y sal. Del mismo modo que el salmón ahumado está clasificado como D, ampliamente comentado como una crítica al Nutri-Score, es «normal» teniendo en cuenta su riqueza en sal (2,5 a 3,5 g de sal por 100g), a diferencia del salmón fresco que es clasificado A, y esto nunca es comentado en los mensajes que acusan la clasificación por Nutri-Score del salmón ahumado.

Una vez mas,  existen también grandes diferencias de calidad nutricional al interior de las categorías de alimentos (diferentes quesos, diferentes jamones,…) o para un mismo alimento según la preparación y la marca. Si el roquefort sigue clasificado en E (contiene entre 3 y 4 g de sal/100g y es rico en ácidos grasos saturados), la mayoría de quesos se clasifican en D y algunos en C (por ejemplo, mozzarella). Incluso para los jamones equivalentes, por ejemplo el jamón Serrano puede ser E o D, y otros tipos de jamón se clasifican en D o C.

En el caso de las sardinas, ampliamente utilizadas para poner en tela de Nutri-Score (a través siempre de la misma imagen), si algunas marcas se clasifican realmente en D, otras sardinas en lata pueden ir de A a D según su composición nutricional, por lo que no es justo dar a entender que las sardinas son sistemáticamente clasificadas por Nutri-Score en D…

Problemas especificos de las patatas fritas

Las reflexiones hechas en las fake news sobre las patatas fritas implican a la vez lo irracional (la imagen negativa de las patatas fritas ligada a los fast-foods) y la incomprensión de cómo se establece un logotipo nutricional y cuál debe ser su papel

Dehecho, por definición, Nutri-Score (como todos los demás logotipos nutricionales) solo es una traducción de los valores nutricionales declarados en la parte posterior del envase del alimento y que se refieren al alimento tal como es vendido. Se le pide al fabricante transparencia sobre el producto que comercializa, pero no puede tomarse en cuenta y/o anticipar la variabilidad de los modos de preparación, de utilización o de consumo de su producto.


Respecto al Nutri-Score, sólo los alimentos que requieren una reconstitución específica, según una receta estandarizada (puré en copos, preparaciones en polvo para pasteles), benefician del Nutri-Score calculado a partir de la receta estandarizada.

En cambio, en el caso preciso  de las patatas fritas congeladas se pueden utilizar varios métodos de cocción, y el uso de una receta estandardizada sería reductrice respecto a las formas de consumo por la población. La cocción al horno de las patatas pre cocinadas congeladas (generalmente clasificadas como B por Nutri-Score) no tiene ningún impacto en su composición nutricional y el Nutri-Score no cambia después de la cocción (continua siendo B). Por el contrario, las patatas congeladas (no pre cocinadas) clasificadas con mayor frecuencia en A por Nutri-Score (son simplemente patatas peladas y cortadas), la información sobre el modo de cocción se da en los envases recomendando una cocción en una olla a presion. En estas condiciones, Nutri-Score pasará, según los aceites de cocción (más o menos ricos en ácidos grasos saturados) a B o a C como máximo. El añadido de sal después de la cocción también puede afectar la clasificación, pero es algo que no puede preverse logicamente en el momento de la compra del producto.

Estos elementos muestran a la vez el interés de Nutri-Score que permite informar a los consumidores de la realidad de la composición nutricional y luchar contra ciertos estereotipos o ideas preconcebidas: por ejemplo, en el caso de las patatas fritas, ampliamente utilizadas en las fake news, pese a su composición nutricional bastante favorable para las destinadas a ser cocinadas al horno  e incluso las congeladas cocinadas en freidoras siguen siendo correctas desde el punto de vista nutricional (clasificadas C como máximo).

No obstante, es necesario, en el caso exclusivo de alimentos que no pueden consumirse tal como se compran (como las patatas fritas congeladas sin pre cocinar) y para los cuales se especifica en el envase un método de cocción específico y detallado que pueda impactar el Nutri-Score, que el fabricante informe a los consumidores de la modificación inducida en el cálculo del Nutri-Score aportando 1) el Nutri-Score del producto tal como es vendido (correspondiente a los elementos que figuran en el etiquetado nutricional) y 2) una anotación sobre la puntuación final, dando la letra del Nutri-Score obtenida por el producto después de la cocción según el método recomendado en el envase (en el caso de las patatas fritas, la modificación conduce a un salto a la clase superior del Nutri-Score después de su cocción  a la freidora).

En resumen

Queda claro, contrariamente a lo que transmiten las fake news, que Nutri-Score permite diferenciar, finamente y fácilmente con un simple vistazo, la calidad nutricional de los alimentos y comparar los alimentos entre sí, para ayudar a los consumidores a elegir, eventualmente, una alternativa más favorable desde el punto de vista nutricional, ya sea en otra categoríade alimentos que corresponda al uso que se desea hacer del alimento, ya sea dentro de la misma categoría, eligiendo un mejor Nutri-Score o la marca que proponga el alimento el mejor clasificado.

Es también fundamental recordar una regla importante del Nutri-Score, que nunca aparece en las fake news: el hecho de ser clasificado D y E un alimento no significa que no deba consumirse en absoluto. En una alimentación equilibrada, el consumidor informado sabrá, si no desea elegir una alternativa de mejor calidad nutricional y desea mantener su elección para un producto D o E, que es mejor que lo consuma en cantidades más pequeñas y/o con menos frecuencia.

El problema de la clasificación de los alimentos puesta en entredicho, como la comparación entre el aceite de oliva y la Coca-Cola Zero, ¿es específico al Nutri-Score? ¿Cómo los clasifican los otros logotipos?

Debido a que todos los logotipos nutricionales se basan en los datos correspondientes a su composición nutricional, todos los logotipos de color, como el Traffic Light en el Reino Unido o el ENL apoyado por algunas multinacionales,  basándose en su composición en grasas saturadas y grasas totales, describen para el aceite de oliva dos «rojos», y  4 «verdes en la Coca-Cola Zero. Del mismo modo, en el caso de las advertencias sanitarias sostenidas en América Latina, Canadá o Israel, la Coca-Cola Zero no da ninguna advertencia. Así pues, cualquiera que sea el sistema, el aceite de oliva está menos bien clasificado por su contenido en calorías, grasas totales y grasas saturadas. Pero curiosamente si esta crítica es permanente  para Nutri-Score, nadia se ha preocupado por este problema del Traffic Light Traffic Lights Multiples inglés que también  clasifica  el aceite de oliva peor que la Coca-Cola Zero y que no ha supuesto problema a los consumidores de las cadenas de distribución que lo utilizan ya desde varios años  (España, Portugal, Reino Unido.

  1. Fake news sobre el hecho de que el nutri-Score es adaptado para Francia y no para otros países europeos

« El nutri-score es franco-francés y no es adaptado para otros países de Europa. Las adaptaciones hechas en su cálculo se hicieron para complacer a su sector quesero»

Otra « fake-news » que circula en Internet es el hecho que Francia habría hecho una excepción especifica en el cálculo del algoritmo para los quesos con la finalidad de !mejorar la imagen de los quesos que hacen parte de su patrimonio culinario! Esto es totalmente falso. De hecho, Nutri-Score fue objeto de mínimas adaptaciones durante su desarrollo en 2015-2016 que no modificaban los elementos implicados en el cálculo de su puntuación de base (el que permite atribuir los distintos colores del Nutri-Score) al conjunto de alimentos. Los elementos “negativos” del cálculo son los que figuran en la declaración nutricional obligatoria a  nivel europeo y son citados en el etiquetado obligatorio que se encuentra en la parte posterior del envase (calorías, lípidos totales, grasas saturadas, sodio que por cierto son los únicos disponibles para todos los alimentos). Las mínimas adaptaciones de la forma de cálculo fueron realizadas para los quesos, las materias grasas y las bebidas.

Ello se debe a que, tras el análisis de 2015 de estas tres categorías (se trata de categorías y no de alimentos específicos) por la Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de los Alimentos (ANSES)  se consideró que planteaban problemas específicos fáciles a soluciona (sin poner en tela de juicio la selección de los nutrientes  que entran en el cálculo del algoritmo):

  1. En el caso de los quesos, debido a su elevado contenido en ácidos grasos saturados y al hecho que el contenido de proteínas (reflejo del contenido de calcio y hierro en el algoritmo de cálculo del Nutri-Score) no se contabilizaba en el cálculo del Nuti-Score,  todos los quesos eran clasificados en E. Pero como los quesos son una fuente importante de calcio, se consideró que el algoritmo era incoherente, ya que no tomaba correctamente en cuenta la contribución del queso a los aportes de calcio. Del mismo modo, no permitía distinguirlos según las diferencias en los niveles de sal y/o grasas. Con la modificación, la gran mayoría de los quesos se clasifican en D (lo que es coherente con las recomendaciones nutricionales que tienen por objeto no animar a un consumo excesivo de quesos), yendo de C (para los quesos frescos poco salados) a E (para los quesos curados salados).
  2. Todas las materias grasas añadidas se posicionaban en la misma categoría del Nutri-Score, era evidente que había que discriminar  entre las grasas de origen animal, más ricas en grasas saturadas, (mantequilla) y las grasas vegetales, menos ricas en este tipo de grasas (aceites y margarinas) en coherencia con las recomendaciones nutricionales a la población. La modificación aportada al algoritmo permitió discriminar los dos grupos ya que las materias grasas de origen animal son todas E (con el aceite de palma), a diferencia de los aceites y margarinas vegetales.
  3. En el caso de las bebidas la modificación al algoritmo original fue por el hecho que las bebidas tienen una densidad distinta a los alimentos sólidos y contienen principalmente azúcar,  pero sobre todo para que el agua sea la única bebida clasificada como A (y evitar que las bebidas con edulcorantes sean clasificadas como el agua y que los jugos de frutas sean clasificados mejor que el agua). La adaptación se realizó principalmente para que el agua sea la única bebida clasificada como A (y para evitar que las bebidas edulcoradas sean clasificadas al mismo nivel que el agua, teniendo en cuenta los compuestos incluidos en el cálculo).
  • ¿Qué conclusiones pueden sacarse de estos problemas de comparación de alimentos tratados por las fake news

Aunque, como ya se ha mencionado, la comparación (no justificada) de las clasificaciones nutricionales de determinados alimentos no es adecuada y parece una crítica irrelevante en términos de realidad práctica (como la de Coca-Cola Zero y el aceite de oliva ), y sese a que Nutri-Score funciona perfectamente bien para la inmensa mayoría de alimentos, las clasificaciones nutricionales del aceite de oliva y de la Coca Zero por el Nutri-Score (ligadas al cálculo de su algoritmo de base) plantea verdaderas cuestiones en términos de salud pública de las que son plenamente conscientes los científicos que han trabajan en el diseño del logotipo desde su creación. Aunque no son de la misma naturaleza que las fake news, algunos elementos relativos al posicionamiento de unos pocos alimentos en relación con las recomendaciones de salud pública requieren una reacción a corto o medio plazo:

– En el caso del aceite de oliva, no es tanto una comparación irrelevante con otros alimentos (que no tienen nada que ver en términos de utilizacion) lo que plantea un problema, sino más bien el hecho de que el aceite de oliva (en la categoría D) es, aunque mejor clasificado que las grasas animales (clasificadas como E) o los aceites muy ricos en ácidos grasos saturados (coco, palma, …) menos bien  clasificado que el aceite de colza (que se clasifica como C). Teniendo en cuenta que las recomendaciones nutricionales de salud pública en casi todos los países europeos tienden a privilegiar las grasas vegetales más que las de origen animale (lo cual fue ya tomado en cuenta al origen del Nutri-Score), pero también recomiendan privilegiar, y particularmente en función de la cultura  alimentaria,  los aceites de oliva, de colza y de nueces (lo cual no es actualmente el caso ya que el aceite de oliva y el aceite de nuez están peor clasificados que el aceite de colza).

Se están llevando a cabo intercambios entre investigadores en Francia y en Europa para permitir que Nutri-Score pueda corregir esta anomalía, valorizando los aceites de oliva y de nuez en la atribución de los puntos positivos en el cálculo de su algoritmo de base (pero sin modificarlo). Los aceites de oliva y de nuez se clasificarían en C como el aceite de colza y formarían parte de los tres aceites mejor clasificados… Un decreto modificativo al del 31 de octubre de 2017 aportaría  la coherencia necesaria entre las recomendaciones nutricionales francesas (publicadas por Health Publique France en enero de 2019) y con las europeas y mundiales y la clasificación de los aceites por Nuitri-Score.

– En el caso de los edulcorantes, está previsto que este punto se vuelva a debatir en la evaluación que se realizará en 2021 en el marco de la discusión con los diferentes estados que participarán en el proceso. Posibles limitaciones que podrían identificarse para su uso o posibles avances en la construcción del algoritmo relacionados con la evolución de los conocimientos científicos y/o la situación jurídica en Europa (tomas en consideración los azúcares libres,…) también serán discutidos en el momento de su evaluación.

Por último, hay que recordar claramente que el Nutri-Score, como todos los logotipos nutricionales en la cara anterior de los envases de los alimentos, es sólo uno de los elementos de una política nutricional de salud pública. Debe beneficiar de un acompañamiento pedagógico (acciones de información, comunicación y educación al público en general y a los profesionales de la salud, trabajadores sociales, de la educación,…) en cuanto a su utilización, su significado, su interés y sus límites. Se inscribe en complementariedad con las demás medidas de salud pública y, en particular, con todas las acciones de comunicación sobre las recomendaciones genéricas de consumo en términos de grupos alimentarios y, en particular, el consumo de productos no transformados  y de productos agrícolas que utilicen el menor número posible de pesticidas (alimentos orgánicos).

CONCLUSION

En guisa de conclusión,  es legítimo que haya debate en torno al Nutri-Score y que cada uno haga oír su voz y se pueda expresar sus preguntas (científicos, consumidores, industriales, periodistas, especialistas o profanos,…) pero es importante que el debate sea constructivo y honesto. Nutri-Score, tanto en su construcción como en su validación, se apoya en bases científicas muy sólidas (con más de 30 publicaciones científicas en revistas internacionales a comité de lectura) que han demostrado su eficacia y superioridad con respecto a todos los demás logotipos nutricionales (que no tienen un historial científico tan convincente).                                                                                    

A través de críticas focalizadas y desproporcionadas que niegan los múltiples intereses del Nutri-Score, el juego de los lobbys sólo pretende impedir el despliegue del Nutri-Score en Europa…  para mantener el statu quo, que sigue siendo poco convincente y poco útil para el consumidor.

Incompréhensions et fake-news concernant Nutri-Score. Comment essayer de déstabiliser un outil de santé publique qui dérange ?

Serge Hercberg (1,2), Pilar Galan (1), Manon Egnell (1), Chantal Julia (1,2)

1 Université Paris 13, Equipe de Recherche en Epidémiologie Nutritionnelle (EREN), Centre d’Epidémiologie et Biostatistiques Sorbonne Paris Cité (CRESS), Inserm U1153, Inra U1125, Cnam, COMUE Sorbonne-Paris-Cité, F-93017 Bobigny

2 Département de Santé Publique, Hôpital Avicenne (AP-HP), F-93017 Bobigny

Depuis quelques mois, circulent sur les réseaux sociaux, dans divers médias et parfois même dans la bouche de personnalités politiques de premier plan, un certain nombre d’opinions négatives et d’informations trompeuses à propos du Nutri-Score, le logo d’information nutritionnelle destiné à être apposé en face avant des emballages des aliments adopté officiellement par la France en 2017, et plus récemment par la Belgique et l’Espagne. Ce phénomène s’est particulièrement accentué ces dernières semaines, vraisemblablement en rapport avec les débats très médiatisés qui ont lieu actuellement dans plusieurs pays européens autour du choix de leur logo nutritionnel, et du fait aussi des discussions qui ont lieu au sein des instances de la Communauté Européenne à Bruxelles.

Dans ce cadre bouillonnant, les manœuvres visant à décrédibiliser le Nutri-Score pour éviter son adoption se multiplient alors que ce dernier est plébiscité par de multiples associations de consommateurs en Europe ! Fort d’un dossier scientifique convaincant regroupant plus d’une trentaine de publications internationales validant d’une part son algorithme sous-jacent et son format graphique et démontrant, d’autre part, son efficacité et sa supériorité par rapport aux autres logos sur plusieurs dimensions du comportement des consommateurs, le Nutri-Score est refusé avec force par certains groupes de pression (association des industriels agro-alimentaires FEVIA en Belgique, BLL en Allemagne, Coldiretti en Italie…). Bien que certains industriels et distributeurs en France, en Belgique, en Espagne, mais aussi en Allemagne, en Autriche, au Portugal, en Suisse, en Slovénie,… ont choisi d’afficher sur leurs produits le Nutri-Score, il persiste encore des oppositions très fortes de certaines grandes multinationales agro-alimentaires qui ne souhaitent pas utiliser le Nutri-Score. Celles-ci ont établi des stratégies pour tenter de le torpiller, en proposant, par exemple, des alternatives de logos qu’ils ont développés et qui leurs sont plus favorables (ENL au niveau européen, cercles du BLL en Allemagne, les batteries en Italie,…). Dans ce sens, les fausses informations (« fake news ») visant le Nutri-Score font, sans aucun doute, le jeu de ces multinationales qui souhaitent décrédibiliser le Nutri-Score. Elles sont également le fait ou sont relayées par toutes sortes de « gourous » ou de simples internautes qui expriment non pas une vision de santé publique étayée par un travail scientifique mais de simples opinions personnelles qui, au travers de quelques exemples montés en épingle visent à décrédibiliser l’ensemble du système. Les fausses informations sur le Nutri-Score qui circulent actuellement sur les réseaux sociaux et dans certains médias se différencient totalement des critiques légitimes qui font partie du débat scientifique utile (notamment sur les limites du système), tant dans leurs objectifs que dans leur forme. Les fake news se caractérisent par le fait que l’information qu’elles véhiculent est trompeuse, et ne cherchent qu’à troubler les esprits. Elles se limitent le plus souvent à la juxtaposition d’éléments qui peuvent être juste pour chacun d’entre eux mais dont la mise en scène peut contribuer à une confusion ou semer le doute chez ceux qui n’ont pas le recul ou suffisamment de connaissances sur le Nutri-Score, sur ses objectifs et la manière dont il se calcule et s’utilise.

Le plus souvent, les fake news montent en épingle un seul exemple du système, sorti de tout contexte, en l’utilisant pour décrédibiliser l’ensemble. Elles circulent de ce fait sous la même forme (message ou support iconographique), le plus souvent au travers d’une image « parlante » présentée sous une forme pseudo-scientifique. La même image est souvent accompagnée de commentaires méprisants voire injurieux. Les fake-news sont souvent mises en ligne ou relayées par des émetteurs « anonymes » ou par des particuliers qui s’appuyant sur la même information (souvent la même image) donnent leur avis personnel (dans certains cas vraisemblablement trompés eux-mêmes par l’information ou insuffisamment informés pour reconnaitre la fake news). Ce qui est spectaculaire c’est que ces désinformations sortent des réseaux sociaux et sont repris comme de éléments scientifiques par certains médias (parfois importants) et par tous ceux qui ont intérêt à s’en servir (lobbys, scientifiques ayant des liens d’intérêt avec des opérateurs économiques, personnalités politiques, voire ministres…).

En fait le lancement d’une fausse information sur le Nutri-Score et le fait qu’elle soit relayée par différents émetteurs impliquent différents mécanismes :

1. la méconnaissance ou la dénégation de ce que l’on peut attendre du Nutri-Score (ou d’ailleurs de tout autre logo nutritionnel). Ainsi, elles n’intègrent manifestement pas, soit volontairement ou non, le principe, l’objectif, les contraintes et le périmètre d’action d’un logo nutritionnel, ni l’ensemble des données scientifiques qui valident son algorithme de calcul ou son format graphique,

2. la reprise d’exemples de comparaisons du Nutri-Score portant toujours sur les mêmes aliments (en nombre très limité), rapprochés et mis en scène dans le but de donner l’impression que le Nutri-Score classerait de façon absurde la qualité nutritionnelle ou la valeur santé des aliments, et donc induirait en erreur les consommateurs… Il est intéressant de noter que les exemples utilisés s’appuient toujours sur les mêmes aliments de marque (moins d’une quinzaine d’aliments de marques sachant qu’au total il en existe plus de 200 000 pour lesquels il est possible de calculer le Nutri-Score) et qui se veulent frapper les esprits par leur image dans la population (aliments traditionnels réputés favorables à la santé, aliments industriels réputés défavorables,…) et par la comparaison binaire (bien ou mal classés). A aucun moment n’est d’ailleurs fait état par les détracteurs, du fait que Nutri-Score ne leur pose pas de problème pour 99 % des autres aliments qui ne font pas l’objet d’attaques de leur part ! Ci-dessous sont présentés différentes fake-news qui sont apparus ces derniers mois sur les réseaux sociaux et pour lesquelles nous expliquons leur manque de sérieux. Pour des raisons d’homogénéité nous avons traduits en français les verbatims circulant dans les réseaux sociaux ou dans la presse en espagnol, anglais, flamand, italien ou directement en français.

  • 1. Exemple de fake-news reposant sur une réelle incompréhension de la finalité des logos nutritionnels

« Le Nutri-Score n’a aucun intérêt et est trompeur pour le consommateur, la preuve : certains aliments ultra-transformés contenant des additifs ou des pesticides sont bien classés ! »

Ce type de critiques porte sur le fait que le Nutri-Score n’intègre pas les additifs, le degré de transformation, ou les pesticides. Ce choix est pleinement assumé pour Nutri-Score comme pour tous les autres logos-nutritionnels (pour plus de détail voir article dans The Conversation : https://theconversation.com/le-nutriscore-mesure-la-qualite-nutritionnelle-des-aliments-et-cest-deja-beaucoup-99234), et est lié à l’impossibilité, étant donné les connaissances scientifiques actuelles, de développer un indicateur synthétique qui couvrirait l’ensemble de ces dimensions. Le Nutri-Score est un système d’information nutritionnelle, qui a été démontré comme très utile pour aider les consommateurs à orienter leurs choix vers des aliments de meilleure qualité nutritionnelle, mais en aucun cas il n’a la prétention d’être un système d’information sur la dimension globale ‘santé’ des aliments couvrant, en plus de la dimension nutritionnelle, les dimensions sanitaires et environnementales.

Ce type de critiques porte sur le fait que le Nutri-Score n’intègre pas les additifs, le degré de transformation, ou les pesticides. Ce choix est pleinement assumé pour Nutri-Score comme pour tous les autres logos-nutritionnels (pour plus de détail voir article dans The Conversation : https://theconversation.com/le-nutriscore-mesure-la-qualite-nutritionnelle-des-aliments-et-cest-deja-beaucoup-99234), et est lié à l’impossibilité, étant donné les connaissances scientifiques actuelles, de développer un indicateur synthétique qui couvrirait l’ensemble de ces dimensions. Le Nutri-Score est un système d’information nutritionnelle, qui a été démontré comme très utile pour aider les consommateurs à orienter leurs choix vers des aliments de meilleure qualité nutritionnelle, mais en aucun cas il n’a la prétention d’être un système d’information sur la dimension globale ‘santé’ des aliments couvrant, en plus de la dimension nutritionnelle, les dimensions sanitaires et environnementales.

Synthétiser l’ensemble des dimensions santé des aliments au travers d’un indicateurs unique et fiable, qui prédirait globalement le risque pour la santé serait, à l’évidence, le rêve de tout acteur de Nutrition de Santé Publique dans l’intérêt des consommateurs. Mais ce n’est pas par hasard et surement pas par incompétence, si aucune équipe de recherche ou aucune structure de santé publique dans le monde, ni aucun comité d’experts indépendants nationaux ou internationaux, ni l’OMS n’aient pu concevoir un tel indicateur synthétique. Ceci peut s’expliquer par deux types de raisons :
1)  D’abord les niveaux de connaissances  et le degré de certitude concernant les liens avec la santé diffèrent selon la dimension considérée pour les aliments. L’accumulation de très nombreux travaux épidémiologiques, cliniques et expérimentaux permettent de considérer qu’il existe pour certains éléments nutritionnels (nutriments/aliments) un niveau de preuve documenté et solide sur leur conséquence sur le risque de maladies chroniques allant de « probable » à « convaincant » dans les classifications internationales. Pour les autres dimensions notamment celles se référant aux nombreux additifs, composés néo-formés ou contaminants (pesticides, antibiotiques, perturbateurs endocriniens), il existe certes des hypothèses sur la santé, mais avec des niveaux de preuves très différents (notamment en termes d’études chez l’homme).
2) Une raison découlant de la précédente, il est actuellement impossible de pondérer la contribution relative de chacune des dimensions d’un aliment sur le risque pour la santé, pour aboutir à  une note synthétique qui idéalement serait prédictive d’un niveau de risque global. Certaines applications le proposent, mais elles ne reposent sur aucune base scientifique valide. Les questions méthodologiques sont nombreuses et encore non résolues : mesure précise du risque  attribuable à chacune des dimensions, à chacun des différents composants potentiellement incriminés, effet cocktail potentiel, etc.  De fait, calculer un index unique pour caractériser la qualité sanitaire globale d’un aliment, qui pourrait in fine aboutir à un jugement dans l’absolu (excellent, bon, médiocre,…) ne repose pas sur des bases  scientifiques suffisamment solides et présente donc un caractère assez arbitraire.
3) Enfin, en ce qui concerne les additifs et les pesticides, en cas de preuve d’un risque pour la santé, la réponse à apporter d’un point de vue de santé publique n’est pas l’information du consommateur au travers d’un logo, mais bien le retrait de l’élément en question de la chaîne alimentaire, selon un principe de gestion du risque sanitaire. C’est d’ailleurs le cas aujourd’hui pour l’additif controversé E171, pour lequel un retrait a été annoncé par les autorités françaises.

Cela n’empêche en rien, dans le cadre d’une politique nutritionnelle de santé publique efficace, de recommander à la population de choisir des aliments affichant le meilleur Nutri-Score possible, sans ou avec la plus courte liste possible d’additifs (dans la liste des ingrédients) et de privilégier les aliments bruts et, si possible, Bio (avec un logo certifiant).

2. Un exemple de fake-news reposant sur des pseudos contradictions dans la capacité du Nutri-Score à classer les aliments en fonction de leurs qualités nutritionnelles

« Le Nutri-Score est faux, la preuve : les frites qui ne sont pas bonnes pour la santé sont mieux classées que les sardines qui contiennent plein de bonnes choses ; ou l’huile d’olive est moins bien classées que le Coca-Cola zéro… ! »

Il faut garder à l’esprit que la finalité d’un logo nutritionnel comme Nutri-Score n’est pas de classer les aliments en « aliments sains » ou « aliments non sains », en valeur absolue, comme le ferait un logo binaire (bien vs mal). Une telle finalité pour un logo nutritionnel resterait totalement discutable car cette propriété est liée à la quantité consommée de l’aliment et la fréquence de sa consommation, mais également à l’équilibre alimentaire global des individus (l’équilibre nutritionnel ne se faisant pas sur la consommation d’une prise alimentaire, ni même sur un repas ou sur un jour…). Ces notions complexes ne peuvent, bien sûr, être résumées par un logo nutritionnel attribué à un produit spécifique d’une marque donnée…

Non, la finalité du Nutri-Score est de fournir aux consommateurs une information, en valeur relative qui leur permet, en un simple coup d’œil, de pouvoir comparer la qualité nutritionnelle des aliments, ce qui est déjà très important pour orienter leurs choix au moment de l’acte d’achat. Mais cette comparaison n’a d’intérêt que si elle est pertinente, notamment si elle porte sur des aliments  que le consommateur est confronté à comparer dans la vraie vie (au moment de son acte d’achat ou de sa consommation). Par ailleurs, par définition,  le Nutri-Score n’invente rien, il ne donne pas un blanc-seing sur la valeur santé dans l’absolu de l’aliment. Il ne  fait que retranscrire sous forme synthétique les éléments de composition nutritionnelle qui figurent sur l’étiquette nutritionnelle présente à l’arrière de l’emballage.

Et au contraire, les fake-news vont essayer de détourner l’intérêt du Nutri-Score en mettant en avant des pseudo-contradictions à partir de comparaisons qui n’ont pas de sens réel… 
Voici une des images qui circule le plus souvent sur les réseaux sociaux largement reprise par des internautes, certains médias, des groupes de pression et des politiques

FAKE NEWS

Le principe de cette image (reprise de très nombreuses fois) est d’essayer de caricaturer le Nutri-Score laissant entendre que certaines catégories de produits industriels seraient classées comme « bonnes pour la santé » (« healthy foods ») et mieux classés que des aliments « traditionnels » qui seraient eux considérés comme « non favorables pour la santé » (« unhealthy foods »).

Le Nutri-Score permet de comparer la qualité nutritionnelle des aliments mais à condition que ces comparaisons soient pertinentes et utiles aux consommateurs pour orienter leurs choix. Là encore il est bon de rappeler que Nutri-Score permet de comparer la qualité nutritionnelle :
1) d’aliments appartenant à la même catégorie, par exemple dans la famille des céréales petit déjeuner comparer des mueslis versus des céréales chocolatées, versus des céréales chocolatées et fourrées; comparer des biscuits secs vs des biscuits aux fruits vs des biscuits chocolatés ; ou bien des lasagnes à la viande, à celle au saumon, aux épinards ; ou encore les différents plats préparés à base de pates ; les différents types de pizzas; ou différents types de boissons (eau, jus de fruits, boissons à base de fruits, sodas,…). Dans chacune de ces catégories les Nutri-Score vont varier de A à E, ce qui fournit une information utile pour les consommateurs pour leurs choix,
2) d’un même type d’aliment proposé par des marques différentes (par ex: comparer des céréales chocolatées et fourrées d’une marque par rapport à son « équivalent » d’une autre marque ou des biscuits chocolatés de différentes marques). Là encore, les Nutri-Score peuvent varier de A à E, ce qui est également une information utile pour aider les consommateurs à reconnaitre les aliments de meilleure qualité nutritionnelle,

3) d’aliments appartenant à des familles différentes à conditions qu’il y ait une réelle pertinence dans leurs conditions d’usage ou de consommation (et qui sont souvent proches dans les rayons de supermarchés) : des yaourts par rapport à des crèmes desserts ; des céréales petit déjeuner par rapport à des biscuits, du pain ou des viennoiseries industrielles…

Mais quel est le sens, comme le fait la fake news, de comparer des frites à du roquefort, des céréales petit-déjeuner à des sardines ou l’huile d’olive au Coca Cola Zero ? Est-ce que la question se pose réellement de cette façon pour les consommateurs au moment de leur acte d’achat ou de leur consommation alimentaire ? Il est très peu probable que le consommateur envisage a priori de consommer des sardines pour son petit-déjeuner, ni d’assaisonner sa salade avec du Coca-Cola ou de se rafraîchir avec de l’huile d’olive… En réalité, le consommateur a besoin de pouvoir comparer la qualité nutritionnelle des aliments qui ont une pertinence à se substituer dans sa consommation. S’il souhaite choisir les éléments de son petit déjeuner, il est important qu’il puisse comparer des aliments de catégories différentes mais consommées à cette occasion, par exemple du pain de mie, des viennoiseries, des céréales petit-déjeuner ou des biscuits. Et bien sûr avoir accès à la transparence sur la qualité nutritionnelle au sein des grandes catégories ou en fonction des marques, pour pouvoir ainsi comparer différentes céréales petit-déjeuner entre elles, ou les différentes viennoiseries industrielles ou les pains de mie en fonction des marques…
Dans ce contexte, le Nutri-Score fonctionne parfaitement bien comme le démontre les exemples ci-dessous.
Par exemple : différents aliments appartenant à des catégories différentes mais consommés au petit-déjeuner

Dans cet exemple qui ne reprend que quelques-uns des multiples aliments concernés, on se rend compte d’un coup d’œil que parmi les options pour le petit déjeuner, lorsque l’on compare plusieurs catégories d’aliments, certaines sont plus favorables que d’autres : les pains complets ou certains mueslis sont mieux classés que des biscuits ou des viennoiseries. De plus selon le type de pain (complet ou non), le type de biscuits ou de céréales petit déjeuner il peut exister des variations importantes de qualité nutritionnelle. Par exemple à l’intérieur de la catégorie des céréales petit-déjeuner, il existe une très grande variabilité de qualité nutritionnelle avec des Nutri-Score allant de A à E selon le type de céréales (il en est de même pour des céréales équivalentes  mais de marques différentes):

Il en est de même pour la variabilité de la qualité nutritionnelle des crèmes desserts, qui, sans logo nutritionnel, n’est pas évidente à évaluer pour les consommateurs, mais dont les différences apparaissent de façon très évidente avec l’affichage du Nutri-Score, qui peut aller de A à E selon les produits :

Ce type de fake-news cherche à donner l’impression que le Nutri-Score n’est pas cohérent en terme de classification nutritionnelle des aliments en comparant des aliments qui n’ont pas de raison d’être comparés entre eux tout en omettant l’intérêt principal du Nutri-Score pour le consommateur, à savoir, comparer des aliments dans des conditions pertinente. L’autre élément de tromperie sous-jacent à la fake-news repose sur le fait de jouer sur des stéréotypes en termes de croyance ou de perception des aliments.

Pour les sardines, largement utilisées pour mettre en cause l’intérêt du Nutri-Score (au travers toujours de la même image), si certaines marques sont réellement classées en D, d’autres sardines en boite vont aller de A à D selon leur composition nutritionnelle , il n’est donc pas honnête de ne laisser entendre que les sardines sont systématiquement placées en D par le Nutri-Score…

L’image des frites (souvent liée à celle des fast-foods) est dans la croyance populaire plutôt perçue comme négative sur le plan nutritionnel, alors que celle d’aliments « traditionnels » comme le roquefort, le jambon Serrano ou les sardines (tout comme le saumon fumé) bénéficient d’une perception plutôt favorable. Pourtant il suffit de regarder l’étiquette de l’aliment pour se rendre compte de la réalité de la composition nutritionnelle. Il est tout à fait normal que le roquefort ou le jambon Serrano soient classées E compte-tenu de leur richesse en graisses saturées et en sel. De même que le saumon fumé soit classé  D, largement repris comme une critique du Nutri-Score, est tout à fait « normal » compte-tenu de sa richesse en sel (2,5 à 3,5 g de sel pour 100g), à la différence du saumon frais qui lui est classé A, ce qui n’est jamais indiqué dans les messages mettant en cause la classification du saumon fumé par Nutri-Score.
Là encore il existe de très grandes différences de qualité nutritionnelle au sein des catégories d’aliments (différents fromages, différents jambons,…) ou pour un même aliment selon la préparation et la marque. Si le Roquefort est toujours classé en E (il contient entre 3 et 4 g de sel/100g et est riche en acides gras saturés), la majorité des fromages sont classés en D et certains en C (comme par exemple la mozzarella). Même pour les jambons équivalents, par exemple le jambon Serrano peut être E ou D, et d’autres types de jambon se classent en D ou C.

 

Problèmes spécifiques posés par les frites

Les remarques faites dans les fake news sur les frites touchent à la fois à l’irrationnel (l’image négative des frites rattachée aux fast-foods) et là, encore à l’incompréhension de comment s’établit un logo nutritionnel et quel peut être son rôle. En effet, par définition, le Nutri-Score (comme tous les autres logos nutritionnels) n’est qu’une traduction des valeurs nutritionnelles déclarées à l’arrière du paquet, qui se réfère aux aliments tels que vendus.  Il est en effet demandé au fabricant la transparence sur le produit qui est mis sur le marché, mais ce dernier ne peut tenir compte et/ou anticiper la variabilité des modes de préparation, d’utilisation ou de consommation pour son produit.
Pour le Nutri-Score, seuls les aliments qui nécessitent une reconstitution spécifique, selon une recette standardisée (purée en flocons, préparations sèches pour gâteaux), bénéficient d’un Nutri-Score calculé sur la base de la recette standardisée.

En revanche, pour les frites surgelées plusieurs modes de cuisson sont possibles, et l’utilisation d’une recette standardisée dans ce cas serait réductrice par rapport aux modes de consommation constatés dans la population. La cuisson au four des frites pré-cuites surgelées (le plus souvent classée B par Nutri-Score) n’a pas d’impact sur la composition  nutritionnelle et le Nutri-Score n’est pas modifié dans ce cas après cuisson (il reste B). Par contre, les frites surgelées (non pré-cuites) classées le plus souvent A par le Nutri-Score (ce sont simplement des pommes de terre épluchées et coupées), l’information du mode de cuisson est donnée sur les emballages et recommande une cuisson en auto-cuiseur. Dans ces conditions, le Nutri-Score  passera, selon les huiles de cuisson (plus ou moins riches en acides gras saturés) à B ou au maximum à C. L’ajout de sel par la suite peut lui aussi impacter la note, mais ne peut raisonnablement pas être anticipé lors de l’achat du produit.

Ces éléments montrent à la fois l’intérêt du Nutri-Score qui permet d’éclairer les consommateurs sur la réalité de la composition nutritionnelle et de lutter contre certains stéréotypes ou idées reçues : par exemple dans le cas des frites largement utilisées dans les fake news, elles ont sur le plan nutritionnel une composition nutritionnelle plutôt favorable pour celles à cuire au four et même celles surgelées cuites en friteuse restent correcte sur le plan nutritionnel (classées au maximum C).
Il n’en demeure pas moins qu’il apparait nécessaire dans le cadre exclusif des aliments ne pouvant être consommés tels qu’achetés (telles que les frites surgelées non pré-cuites), et pour lesquels est donné sur l’emballage un mode de cuisson spécifique et détaillé susceptibles d’impacter le Nutri-Score, que le fabriquant alerte les consommateurs de la modification induite sur le Nutri-Score en donnant 1) le Nutri-Score du produit tel que vendu (correspondant aux éléments qui sont sur l’étiquetage nutritionnel) et 2) une mention sur le score final, en donnant la lettre du Nutri-Score obtenue par le produit après cuisson selon le mode recommandé sur l’emballage (pour les frites la modification aboutit à passer à une classe supérieure du Nutri-Score après passage en friteuse).

Au total,

Il apparait donc clairement, contrairement à ce que véhiculent les fake news,que  le Nutri-Score permet de différencier finement et facilement d’un simple coup d’œil  la qualité nutritionnelle des aliments et de comparer les aliments entre eux, pour aider les consommateurs à éventuellement choisir une alternative plus favorable sur le plan nutritionnel soit  dans une autre catégorie correspondant à l’usage que l’on souhaite faire de l’aliment, soit au sein de la même catégorie en choisissant un meilleur Nutri-Score ou la marque proposant l’aliment le mieux classé.

Il est aussi essentiel de rappeler une règle majeure du Nutri-Score, ce qui n’apparait jamais dans les fake news : le fait d’être classé D et E pour un aliment ne veut pas dire qu’il ne doit pas du tout être consommé. Dans le cadre d’une alimentation équilibrée, il peut être intégré mais le consommateur averti saura, s’il ne souhaite pas choisir une alternative de meilleure qualité nutritionnelle et qu’il souhaite maintenir son choix pour un produit D et E, qu’il vaut mieux qu’il le consomme en plus petite quantité et/ou moins fréquemment.    

Le problème de classement des aliments mis en cause, comme la comparaison entre l’huile d’olive et du Coca-Cola zéro, est-il spécifique au Nutri-Score ? Comment les autres logos les classent-ils ?

Comme tous les logos nutritionnels sont bâtis sur les données correspondant à leur composition nutritionnelle, tous les logos coloriels comme le Traffic Light au Royaume Uni ou l’ENL  soutenu par certaines multinationales, décrivent pour l’huile d’olive deux « rouges » compte-tenu de sa composition en graisses saturées et en graisses totales tandis que le Coca-Cola zéro affiche 4 « verts » (voire figure ci-dessous). De même ,dans le cas des avertissements sanitaires soutenus en Amérique Latine, au Canada ou en Israël  le Coca-Cola zéro n’affiche aucun avertissement. Donc quel que soit le système, l’huile d’olive est moins bien classée compte-tenu de son contenu en calories, graisses totales et graisses saturées. Mais curieusement si cette critiques revient fortement pour le Nutri-Score, personne ne s’est offusquée  de ce problème de classement pour le Traffic Lights Multiples britannique et cela n’a d’ailleurs pas posé de problèmes pour les consommateurs des chaines de distribution qui utilisent déjà depuis de longues années ce type de logo (en Espagne, au Portugal ou au Royaume Uni) et qui positionnent également plus mal l’huile d’olive que le Coca-Cola zéro.


Traffic lights multiple MTL (en haut) et ENL (en bas)


  • 3. Fake news concernant le fait que le Nutri-Score serait adapté à la France et non aux autres pays européens

« Le Nutri-Score est franco-français et n’est pas adapté aux autres pays d’Europe. Les adaptations faites dans son calcul ont été faites pour faire plaisir à son secteur fromager »

Une autre « fake-news » circulant sur internet est le fait que la France aurait fait une exception spécifique sur le calcul de l’algorithme pour les fromages afin d’améliorer l’image des fromages qui font partie de son patrimoine culinaire! Ceci est bien sur totalement faux. En fait, le Nutri-Score a fait, au cours de son développement en 2015-2016,  l’objet d’adaptations à la marge  qui ne modifiaient pas les éléments pris en compte pour le calcul du score de base (qui permet d’attribuer les différentes couleurs du Nutri-Score) au niveau de l’ensemble des aliments. Les éléments « négatifs » du calcul sont ceux qui figurent dans la déclaration nutritionnelle obligatoire au niveau européen et qui sont cités dans l’étiquetage obligatoire en face arrière des emballages (calories, lipides totaux, graisses saturées, sodium qui sont d’ailleurs les seules éléments disponibles pour tous les aliments). Les adaptations mineures du mode de calcul ont été faites pour les fromages, les matières grasses et les boissons. Cela provient du fait qu’après l’analyse en 2015 de l’Agence Française de Sécurité Sanitaire des aliments (ANSES)  ces 3 catégories (il s’agit bien de catégories pas d’aliments spécifiques) ont été reconnues  comme soulevant des problèmes spécifiques aisés à régler (sans remettre en cause le choix des nutriments rentrant dans le calcul de l’algorithme):

  1. Pour les fromages, du fait de leur composition élevée en acides gras saturés, la teneur en protéines (utilisée pour refléter la teneur en calcium et fer dans l’algorithme de calcul du Nutri-Score) n’était pas comptabilisée dans le calcul du Nutri-Score et se trouvaient tous classés en E. Or les fromages sont une source importante de calcium. De ce fait, il a été considéré que l’algorithme présentait une incohérence, puisqu’il ne prenait pas bien en compte la contribution du fromage aux apports en calcium. De la même façon, il ne permettait pas de distinguer des différences de teneurs en sel et/ou en graisses. Avec la modification, la grande majorité des fromages est classée en D (ce qui est cohérent avec les recommandations nutritionnelles qui visent à ne pas pousser à des consommations importantes de fromages), allant par ailleurs du C (pour les fromages frais peu salés) au E (pour les fromages affinés salés).
  2. Toutes les graisses ajoutées étaient dans la même catégorie, or il était clair qu’il était nécessaire de discriminer entre les graisses animales plus riches en acides gras saturés (beurre) et les graisses végétales moins riches en graisses saturées (huile, margarines), en cohérence avec les repères nutritionnels en population générale. La modification qui a été faite à l’algorithme a permis de discriminer les deux groupes puisque les matières grasses animales sont toutes en E (avec l’huile de palme), à la différence des huiles végétales et margarines végétales.

3. Pour les boissons la modification faite à l’algorithme original a été liée au fait que les boissons ont une densité différente des produits solides, et qu’elles contiennent principalement du sucre. L’adaptation a été réalisée surtout pour que l’eau soit la seule boisson classée en A (et éviter que les boissons édulcorées soient classées au même niveau que l’eau, compte tenu des composés pris en compte dans le calcul).

  • Quelles leçons tirer de ces problèmes de comparaisons d’aliments véhiculées par les fake news

Même si, comme précédemment évoqué, la comparaison (non justifiée) des scores nutritionnels de certains aliments n’est pas adaptée et apparait comme une critique non pertinente en terme de réalité pratique (comme celle du Coca-Cola Zéro et de l’huile d’olive ), et bien que Nutri-Score fonctionne parfaitement bien pour l’extrême majorité des aliments, les positionnements nutritionnels de l’huile d’olive et du Coca Zéro dans l’échelle Nutri-Score (liés au calcul de son algorithme de base) soulève tout de même de vraies questions en termes de santé  publique dont sont tout à fait conscients les scientifiques travaillant dans la conception du système depuis sa mise en place. Même si elles ne sont pas de même nature que les fake news, certains éléments concernant le positionnement de quelques rares aliments au regard des recommandations de santé publique nécessitent une réaction à court ou moyen terme :

– Pour l’huile d’olive, ce n’est pas tant une comparaison non pertinente à d’autres aliments (qui n’ont rien à voir en terme d’usage) qui pose problème mais plutôt le fait que l’huile d’olive (classée D) est, certes mieux placée que les matières grasses animales (classées E) ou que les huiles très riches en acides gras saturées (coco, palme,…), mais elle est moins bien classée que les huiles de colza (qui sont classées en C). Or les recommandations nutritionnelles de santé publique dans quasi tous les pays européens visent à privilégier les matières grasses végétales plutôt qu’animales (ce qui est couvert par la forme initiale du Nutri-Score), mais recommandent également de privilégier, et notamment en fonction des cultures alimentaires, les huiles d’olive, de colza et de noix (ce qui n’est pas le cas, l’huile d’olive et l’huile de noix étant moins bien classée que l’huile de colza).
Des discussions sont en cours avec différents chercheurs en France et en Europe  pour permettre à Nutri-Score, en valorisant les huiles d’olive et de noix  dans la prise en compte des points positifs du calcul de l’algorithme de base du Nutri-Score (mais sans modifier l’algorithme) de corriger cette anomalie. Les huiles d’olive et de noix sont alors classée en C comme l‘ huiles de colza et font partie des trois huiles les mieux classées …. Un arrêté modificatif de l’arrêté du 31 octobre 2017, donnerait la cohérence nécessaire entre les recommandations nutritionnelles françaises (publiées par Santé Publique France en janvier 2019) mais aussi européennes et mondiales et le classement des huiles dans le Nutri-Score.

– Pour les édulcorants, il est prévu que ce point soit rediscuté lors du bilan qui sera fait en 2021 et  dans le cadre de la discussion avec les différents états qui seront engagés dans le processus. D’éventuelles lacunes qui pourraient être identifiées à l’usage ou des progrès possibles dans la construction de l’algorithme liés à l’évolution des connaissances scientifiques et/ou de la situation juridique en Europe (prise en compte sucres libres, ….) seront également rediscutés pour le futur à l’occasion du bilan.

Enfin il faut également rappeler clairement que le Nutri-Score comme tous les logos nutritionnels sur la face avant des emballages des aliments n’est qu’un seul des éléments d’une politique nutritionnelle de santé publique. Il doit bénéficier d’un accompagnement pédagogique (actions d’information,  communication et éducation auprès du grand public et des professionnels de santé, du social, de l’éducation,…) quant à son utilisation, sa signification, son intérêt et ses limites. Il s’inscrit en complémentarité des autres mesures de santé publique et notamment toute les actions de communication sur les recommandations génériques de consommation en termes de groupes alimentaires et notamment le fait de consommer plutôt des produits bruts et des produits issus d’une agriculture utilisant le moins de pesticides possibles (aliments  bios).

CONCLUSION                                                                                     

Finalement, il est légitime qu’il y ait débat autour du Nutri-Score et que chacun fasse entendre sa voix et puisse poser ses questions (scientifiques, consommateurs, industriels, journalistes, spécialistes ou profanes,…), mais il est important que le débat reste constructif et honnête.

Le Nutri-Score, tant dans sa construction que sa validation, repose sur des bases scientifiques très solides (avec plus de 30 publications scientifiques dans des revues internationales à comité de lecture) démontrant son efficacité et sa supériorité par rapport à tous les autres systèmes de logo nutritionnel (qui n’ont pas un dossier scientifique aussi convaincant).

Au travers de critiques focalisées et disproportionnées niant les intérêts multiples de Nutri-Score, le jeu des lobbys ne vise qu’à empêcher le déploiement du Nutri-Score en Europe…  pour garder le statu quo, qui reste peu convaincant et peu utile pour le consommateur.